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¿Por qué la gente envenena a los perros?

¿Por qué la gente envenena a los perros?

 

Diariamente leemos y escuchamos noticias sobre alguien que ha colocado veneno o cebos con veneno u objetos como clavos, alfileres, etc. Y seguramente estas personas actúan creyendo que no comenten delito alguno o que no están incurriendo en algo grave.

Pero la realidad es bien distinta y la ley es muy clara al respecto.
El hecho de envenenar a un perro o gato, independientemente de quién sea su propietario, está castigado por el Código Penal con una pena de dos años de prisión, a la que en su caso se sumará la responsabilidad civil consistente en el pago de los animales envenenados y/o gastos de curación, así como las correspondientes costas.

Pero a nosotros no nos parece suficiente y seguro que a las familias humanas de esos perros o gatos tampoco, porque su pérdida es irreemplazable.

Perder a un ser querido es duro, pero saber que es debido a un acto intencionado por parte de otra persona es demoledor.

Cuando yo era una niña de unos seis o siete años, mi padre trajo a casa al que sería nuestro beagle-detecta-tu-estado-de-ánimo.jpgprimer perro. Era un cachorro de Setter, precioso, juguetón y lleno de vitalidad, lo que a mi edad le convertía en el compañero perfecto de juegos. Yo estaba encantada con Yupy. Era el perro más bonito y más divertido del mundo, y en seguida se convirtió en mi mejor amigo. Pero desgraciadamente, esa amistad duró tan sólo unos meses, porque alguien decidió que mi amigo Yupy no merecía vivir.

Nunca olvidaré el día en que volví a casa del cole y Yupy no estaba allí para recibirme. Ni la expresión de mi padre cuando le pregunté por mi querido amigo. Ni olvidaré la rabia, desconsuelo, incomprensión, pena y un centenar de sentimientos más que nunca había experimentado antes y que no comprendía. Como no comprendía el cómo ni el por qué, una persona a la que no conocía, ni ella a mí, había decidido acabar con la vida de mi mejor amigo, del ser más maravilloso y lleno de amor y de vida que había conocido nunca.

 

Intolerancia. Crueldad.

 

Recientemente ha saltado a los medios el caso de Erica Pericacho, amante de los animales, que se enfrentó a una “señora” después de que ésta fue a su tienda y le dijera: “te he echado pienso envenenado para matar a los animales, porque odio a los animales y estoy en mi derecho”. La “mujer” envenena perros y no lo niega cuando Erica se enfrenta a ella, después de seguirla cámara en mano, para pedirle explicaciones mientras graba la reacción de ésta, sino que se justifica diciendo que los odia.

Resulta que Erica estaba a cargo de una perra shar pei de 7 años llamada ‘Duna’, que falleció el pasado 13 de marzo después de haber comido de la comida envenenada que habría colocado la presunta culpable en unas cajas que estaban puestas en la tienda para donar alimento para animales necesitados.

 

 

Erica publicó en su Facebook:

Esta mujer dice haber echado pienso envenenado en mi tienda, en nuestra caja de ‘recogida de piensos para animales refugiados’ alegando su derecho a odiar a los animales. A consecuencia a muerto “Duna” una shar-pei de 7 años de la que me hice cargo hace unos meses adiestrándola y con la que tenía un fuerte vínculo emocional, murió envenenada”.

 

O como el caso de envenenamiento masivo en una colonia controlada de gatos en Madrid, que nos contaba Melisa Tuya en su blog:

“Ha vuelto a pasar, algún psicópata camuflado de ser humano normal y corriente ha envenenado una colonia que estaba siendo alimentada y cuidada en Madrid. Animales inofensivos que han sido masacrados y cuyo asesino saldrá impune, porque en este país no es solo que necesitemos mejores leyes contra el maltrato animal, es que sobre todo necesitamos que se cumplan las que ya hay, que se persiga en serio a los que son capaces de hacer algo así, porque también son capaces de hacer muchas cosas peores.

Queda el grito de rabia, queda la visibilización, queda el pedir la colaboración ciudadana, que si alguien sabe algo de la persona que haya podido hacer esto, se ponga en contacto con la Policía o la Guardia Civil, aunque de poco va a servir me temo.”

 

 

Lo peor de todo es que los actos de envenenamiento animal se cometen a diario por personas que, como la asesina de Duna, la de Yupy o la de la colonia de gatos de Madrid, rompen fuertes vínculos emocionales entre animales y humanos y acaban con la vida de miles de seres inocentes e inofensivos, tan sólo porque “odian a los animales y están en su derecho”. ¿Pero dónde queda el derecho a la vida de los animales?

Decía Ghandi que “el respeto por los animales da la medida del grado de civilidad de un pueblo”. Pero a mí me da igual la procedencia de estos individuos, de lo que no me cabe duda es que son descerebrados sin alma, estúpidos aquejados de una brutalidad gratuita y sádica, que es lo que impele a los maltratadores de animales a llevar a cabo sus atrocidades.

Algunos descerebrados cuelgan de las redes sus mal llamadas” hazañas” para presumir de su maldad. Es increíble la cantidad de vídeos que podemos encontrar en sitios como youtube, en los que estos energúmenos se exhiben realizando actos que a la mayoría de nosotros nos parecen atroces, pero que a ellos y sus seguidores les deben de resultar muy divertidos y dignos de una gran valentía por su parte.  Otros alegan, cuando les sorprenden en sus crueldades, que no sabían que el maltrato o el asesinato animal fuese delito.

 

 

En cualquier caso, y pese a lo leve de los castigos que contempla el Código Penal, suelen pagar con multas sus felonías.

Lo triste es que la cuantía de los castigos no los deja arruinados de por vida.

 

Y aunque no fuese delito, qué se les pasa por la cabeza o, mejor dicho, qué les pasa en la cabeza a estos individuos. ¿Es que acaso no tienen conciencia, no saben lo que está bien o mal? ¿No sienten empatía con sus víctimas? Porque eso tiene un nombre: Psicopatía.

En cualquier caso, los seres humanos no tenemos derecho a quitarle a vida a un animal por diversión, odio, afán de protagonismo en las redes sociales o por hacernos los héroes ante los colegas.

Los verdaderos héroes son los voluntarios de las protectoras, las casas de acogidas, los adoptantes, personas anónimas que salvan vidas de miles de pobres e inocentes animales y que tienen ningún afán de protagonismo, pero si mucho amor y respeto por los animales.

 

 

Y, como siempre, si os ha gustado este post, podéis compartirlo y seguirnos en las redes sociales.

Saludos,

Alicia.

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