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Homenaje a los perros que están en el cielo

Homenaje a los perros que están en el cielo

 

 

Un perro es más leal que cualquier amigo, hasta puede ser más leal que vuestra propia familia, aunque en realidad es un miembro más de ella. Cuando convivimos con un perro, se transforma en nuestro compañero, en parte de nuestra cotidianidad y de nuestra rutina: nos saluda cada mañana, nos recibe al legar a casa, nos convertimos en el centro de su vida, nos dan su amor incondicional, el más puro amor que existe y nos guardan fidelidad absoluta, tanto si los tratamos bien o no.

 

Los que hemos tenido varios perros en nuestras vidas, sabemos que cada uno de ellos tiene una particular personalidad que quedará grabada en nosotros para siempre. Forjamos una relación con ellos que sobrepasa la muerte y, el día en que nos dejan, nuestro cariño y su recuerdo se imprime para siempre en cada rincón de nuestras casas. Dejan un vacío imposible de llenar o reemplazar, aunque volvamos a convivir con otros perros, cada uno dejará una huella en nosotros.

 

Y yo, que no soy creyente, ni concibo el celeste cielo prometido para los humanos, no puedo dejar de creer en un cielo para los perros, un lugar en el puedan jugar felices, donde se sientan libres y tengan un montón de amigos. Creo en un cielo para perros, desde donde ellos nos observan moviendo su cola, esperando que nos reunamos con ellos, aunque los humanos no tengamos lugar allí.

 

 

 

 

Hoy me gustaría compartir con vosotros la carta que Jenna Rutkey dedicó a su perro fallecido:

 

 

Una Carta Abierta A Mi Perro En El Cielo

Eres tan increíblemente amado y extrañado.

 

“Has estado ahí cada día y durante tanto tiempo. Me despertaba e iba a la cama todos los días sabiendo que estabas ahí y que todavía estarías allí cuando me despertara a la mañana siguiente. Nunca dejaste de saludarme meneando tu loca cola con una adorable sonrisa con dientes al entrar en la habitación. Desde el día en que nos conocimos fuimos los mejores amigos y nuestro vínculo sólo se fortaleció a lo largo de los años.

Sin embargo, fui creciendo, al igual que tú. Pero yo fui capaz de hacer más que tú. Tuve la oportunidad de conducir, de ir al cine por mi cuenta y de asistir a la universidad. Pero tú, tú ya no podías saltar tan alto ni correr tan rápido como antes; no podías nadar tanto como te hubiese gustado. Pero, aunque tus habilidades disminuían, seguías siendo el perrito más feliz que he conocido e intentando todo siempre para hacerme feliz.

Entonces llegó el día. Ese día terrible, terrible. El día en que, a tu lado, tenía que verte tomar tu último aliento. El día en que vi cómo el veterinario se llevaba al mejor amigo que jamás había conocido. Aunque ese momento fue terrible y triste, yo me siento en paz.

Estoy en paz porque sé que estás en un lugar mucho mejor. Yo sé que tan pronto como tomaste tu último aliento en la Tierra, Dios tomó tu hermosa alma inocente desde el suelo y la hizo volar al cielo. Sé que has ganado unas pequeñas alas peludas que te mereces y me siento orgullosa de amar a un angelito tan increíble como tú.

Como yo todavía estoy en la Tierra, no puedo saber lo que el cielo es para ti, pero realmente espero que estés en el mejor momento de tu vida. Espero que estés rodeado de prados absolutamente verdes y llenos de flores coloridas, cubierto por los cielos más azules y por brillantes rayos del sol. Espero que tengas cientos de lagos, lagunas y arroyos diferentes; incluso océanos para nadar en la medida en que a tu dulce corazón le plazca. Espero que hayas podido conocer a todos nuestros parientes allí, que te den golosinas sin fin y que te froten el vientre, porque yo ya no puedo. Espero que todo tu dolor y sufrimiento hayan desaparecido, permitiéndote ser de nuevo un joven y energético cachorro, aquel que anhelaste ser durante tanto tiempo.

A pesar de que ya no estamos físicamente juntos, estarás para siempre en mi corazón y en mi alma. Fuiste una bendición enviada desde el cielo y ahora Dios te necesita de vuelta. Gracias por completarme y enseñarme importantes lecciones de la vida; te voy a llevar conmigo donde quiera que vaya hasta que nos encontremos de nuevo. Te quiero, mi ángel de la guarda”.

 

 

Espero que os haya emocionado tanto como a mí. Y si habéis sufrido la pérdida de un animal querido, os ayude a superar el dolor y os reconforte pensar que se encuentra el cielo de los perros.

 En memoria de todos los seres no humanos y extraordinarios con los que he tenido la suerte de compartir alguna etapa de mi vida: Yupi, Candela, Lobo, León, Nena y ahora Khela. Siempre os llevaré en mi corazón.

 

Saludos,

Alicia

 

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