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12 Cosas que sólo el que convive con un Beagle puede saber

khela-the-beagle.jpg12 Cosas que sólo el que convive con un Beagle puede saber.

 

El otro día alguien me dijo que los que convivimos con Beagles somos como veteranos de guerra, nos reconocemos nada más vernos la cara. La verdad es que nunca se me había ocurrido pensar ello, pero lo cierto es que todos, a pesar de haber vivido mil y una batallas perdidas con nuestros orejotas, al final siempre recordamos las alegrías y los buenos momentos.

Por eso, cuando ves a un Beagle por la calle emites sonidos y palabras como: “Ohh…¡Qué bonito!, Por favor, quiero uno…” y te lanzas a acariciar sus grandes orejas peludas, te quedas embobado mirando esos preciosos ojos marrones, enmarcados en negro como acabaran de ponerse el mejor eyeliner del mundo pero, en lo que no te fijas es en las ojeras y cara de preocupación de quien lo está paseando. Porque vas a sucumbir bajo sus encantos, y lo sabes. No podrás resistirte.

Por eso, aquí te dejamos unas cosillas, que seguramente te serán familiares si tienes o has tenido alguna vez un Beagle.


 

 1. Volver a casa con miedo a lo que te vas a encontrar.   

¿Cuántas veces te ha pasado que, de vuelta a casa, aceleras el paso para darle menos tiempo a tu Beagle para destruir algo?

Tus zapatos preferidos, tu ropa interior (a Khela le flipan mis braguitas, usadas o sin usar), alguna servilleta de papel con la que te has limpiado mientras comías (ellos le sacan el jugo, claro), algún papel importante que dejaste por descuido sobre la mesa, su camita nueva que compraste justo el día anterior con tanta ilusión, las macetas que pasaste todo el fin de semana plantando y tan orgulloso te sientes de ellas, tu cojín favorito y que queda genial sobre el sofá, ese juguete que le compraste porque te dijeron que era indestruc…qué? (la palabra indestructible no existe para un Beagle), y toda una lista de objetos valiosos que creías irrompibles. Asúmelo: todo, completamente todo es destructible para un Beagle menos tu amor por él.

 

  beagle-comiendo.jpg   2. Pero si ya te di de comer.

¿Alguna vez has visto a un Beagle que no quiera comer?

El día que Khela no salte por una simple miguita de pan o lamer los restos del yogurt o el helado que me acabo de comer, sí que me asustaré de verdad.

Sienten verdadera obsesión por la comida.

Con ellos no necesitas aspiradora en casa. Puedes tener polvo, suciedad o lo que sea, que les dará igual, pero en el suelo no tendrás ni una sola miguita. Son aspiradoras de absolutamente todo lo que existe en este planeta porque, ¿para qué desperdiciar la oportunidad de ingerir? Con lo mala que está la vida, ¿van a tirar la comida?

No importa si es papel, plástico, un sapo aplastado por un coche, comida podrida, un escupitajo, un condón usado, restos del bocata que algún niño no quiso y lleva una semana tirado en la calle; ellos se lo van a comer. Si los ayuntamientos contrataran Beagles para el servicio de limpieza de las calles, estarían impolutas.

Pero se trata de su momento más feliz del día, una oportunidad para alimentar su apetito insaciable.

Da igual la cantidad de comida que le des al día, siempre, SIEMPRE que tengan la opción de masticar algo lo haránY no tendrás tiempo para sacárselo de la boca, porque en lo que tardas en agacharte o en decirle que lo suelte ya se lo habrá tragado.

Harían hasta el pino-puente si se lo pidieras a cambio de una miserable migaja.

Y no se te ocurra llevar nada de comida en el bolsillo porque, aunque haga horas que ya no esté allí y por mucho que se lo digas, ellos saben que ha estado y no dudarán en meter el hocico hasta el fondo y romperlo si hace falta para asegurarse de que no te dejaste algún restillo.

 

    3. Cualquier lugar de la casa puede convertirse en su baño.

¿Podrías contar con los dedos de una mano las veces que se ha hecho pis o popó en casa?

La respuesta es NO.

Es sorprendente averiguar que cualquier lugar puede convertirse en su baño. El lugar donde come, su cama o la tuya, tu sofá, tu alfombra. Sí, también pueden serlo y estoy convencida de que disfrutan más haciéndolo en cualquier lugar de la casa que en la calle. ¡¡¡Cómo les gusta llegar de un largo paseo de más de una hora, en el que te has congelado de frío y has recorrido 20 veces la manzana esperando en vano que haga su popó y, nada más llegar a casa, te dejan el regalito en cualquier lugar y además se quedan con esa cara de gusto!!!

Siempre que lo hace me la imagino diciendo lo siguiente: “¿Pensabas que lo iba a hacer en la calle y en público para que alguien pueda verme? Pues no, chica, no. Mejor hacerlo en casita, que es más íntimo.”

 

    4. ¿Cabezotas? Nooo, lo siguiente.

Seguramente nunca en tu vida habrás tenido que decir tantas veces la palabra ¡NO!, ni repetir tanto ningún nombre como el suyo (ese nombre que tanto te gustaba cuando lo elegiste para él y que ahora hasta le empiezas a tomar manía de tanto repetirlo). ¿Y sabes qué? le dará igual, va a seguir intentándolo, aunque te desgañites vivo.

Puedes castigarlo todo lo que quieras, gritarle hasta que se te salgan los pulmones por la boca, pero ni el “Séptimo de Caballería” podrá detenerlo.

Solamente hay una cosa que puede tenerle distraído durante un periodo pequeño de tiempo: la comida. Después, cuando se termine volverá a intentarlo.

Sus tres cosas preferidas del mundo, las que te suplicará con su carita más tierna son: subirse al sofá, dormir contigo en la cama y pedir comida.


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5. ¡Ay, pero cómo te quiero!

 Los Beagles pueden ser unas bolas de cariño y ternura increíbles, pero eso sí, sólo cuando saben que a cambio van a conseguir lo que quieren. Por ejemplo, cómo no, cuando quieren comer, salir a la calle o acurrucarse junto a ti en sofá. Entonces te llenarán de lametazos, se dejarán abrazar y acariciar todo lo que haga falta y se mostrarán hasta empalagosos contigo. Pero recuerda: nada es gratis, siempre es a cambio de algo o cuando a ellos les apetece, no cuando quieras tú.

No te lo tomes a mal, es sólo una particularidad de su carácter.

 

    6. Pelos, pelos, pelos por todos lados

Uno de los grandes errores que comete mucha gente al escoger un beagle es pensar que porque tienen el pelo corto, no van a soltar tanto pelo. ¡Qué gran cagada! Los beagles mudan muuucho pelo y los encontrarás en la boca, en la comida… y lo que es peor, su pelo se clava en abrigos, sofás mantas, jerseys… Así que olvídate de llevar tu ropa impoluta, siempre llevarás pelo de Beagle encima. Puedes pasar el aspirador 20 veces al día y tener el mejor cepillo del mundo, que seguirá estando todo lleno de pelos. Pero su pelo es taaaaan suave, que querrás pasarte el día acariciándolo.

 

    7. Sus maravillosas orejotas.beagles-corriendo.jpg

¿Has visto unas orejas más bonitas, suaves y perfectas en tu vida? No, porque no existen.

No hay nada más característico de esta raza que sus orejas. Y es que no podrás resistirte a acariciarlas, es como tocar seda y están tan calentitas… siempre enmarcando su carita de esa forma tan graciosa.

¿Y qué me decís de esas adorables y enormes orejotas moviéndose al viento mientras corren? ¿No son adorables?

 

    8. ¿Estás cómodo?

Los Beagles son bastante cabezotas y saben muy bien lo que quieren, lo que les lleva a ser animales de costumbres. Si tienen un sillón o cama a su alcance, no dudarán en usarlo y extenderse por toda la superficie, incluso si eso significa que tú quedes en la orillita. En realidad, creo que es como más disfrutan, quitándote el sitio y dejándote apretado en un rinconcito del sofá o a punto de caerte de la cama.

Así que, si tu cama es su lugar favorito, te olvidarás de cuando ésta era amplia y te parecía enorme y acostúmbrate a dormir en el borde, siempre alerta por si te caes.

 

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    9. Roncan como osos pardos y duermen como si se hubieran caído de un octavo.

Boca arriba, con la cabeza colgando de la cama o el sofá, las orejas por delante de la cara tapándoles un ojo, se les escapan pedos y pequeños ladridos cuando sueñan. Es todo un espectáculo verlos dormir. Parece que no haya nada en este mundo capaz de despertarlos. Pero sí que hay algo, sí: el aroma de la comida. Basta cualquier mínimo olor de algo que ellos consideren comestible para que se despierten como un resorte del sueño más profundo.

Y esos ronquidos que te despiertan a media noche pensado que alguien con una Harley Davidson se te ha colado en casa, que te hacen dudar de si tienes un Beagle o un oso pardo. ¿Cómo puede un animal de ese tamaño emitir semejante ronquido?

Pero, a pesar de ser extremadamente estruendosa, de tener que dormir con tapones en los oídos, me encanta escuchar a Khela roncar como una posesa.

 

    10. Yo soy el ladrón y tú el poli.

Además de comer, no hay nada que haga más feliz a un Beagle que correr. Resulta tan bonito verlos con sus orejas moviéndose arriba y abajo y esa elegancia de gentleman inglés, por no hablar de su astucia. Son animales con muchísima energía y necesitan hacer mucho ejercicio. Les encanta jugar y sentirse perseguidos. Quieren que corran detrás de ellos y que nunca consigas alcanzarles, para sentir, una vez más, que te han ganado. Y es que les pierde el éxito y ser el centro de atención. Tienen que ganar en todo, aunque sea haciendo trampa, porque son muy, pero que muy astutos y se saben todos los trucos.

 

    11. Pero ¿qué hueles tanto?

Si, los paseos con tu Beagle serán constantemente interrumpidos porque querrá parar cada 2 minutos. En cuanto huela algo interesante se parará hasta encontrarlo y olerlo un buen rato o comérselo y, cuando te quieras ir, a ver quién tiene bemoles de convencerlo para seguir caminando.

Porque un Beagle es “una nariz con patas” y está entre las tres razas con mejor olfato de todas.

 

    12. Tienen su propia ley de propiedad.

Los Beagles tienen su propia ley de propiedad sobre los bienes materiales, y se rige por los siguientes artículos, que siguen a rajatabla:

 

  1. Si me gusta, es mío.
  2. Si está en mi boca, es mío.
  3. Si puedo quitártelo, es mío.
  4. Si lo tengo por un rato, es mío.
  5. Si es mío, de ninguna forma podrá ser tuyo.
  6. Si lo estoy masticando, todas las piezas son mías.
  7. Si pareciera mío, es mío.
  8. Si lo vi primero, es mío.
  9. Si estás jugando con algo y de repente se cae, automáticamente se vuelve mío.
  10. Si está roto, es tuyo.

 

Pero con todas esas cosas y, a pesar de ser todo unos personajes, o quizá precisamente por ello, son absolutamente adorables, divertidos y los amigos más fieles que puedas tener en tu vida (aunque a veces te hagan perder un poco la paciencia).

 

Y ya sabéis, no os perdáis el siguiente post y mientras tanto podéis compartirlo, dejar un comentario o suscribiros al blog de Khela. Y seguirla en Facebook e Instagram, claro.

Hasta pronto,

Alicia

 

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